Las técnicas digitales se aplicaran tanto en películas con actores como Terminator 2: el juicio final (Terminator 2: Judgement Day, James Cameron, 1991) como de animación, Toy Story (John Lasseter, 1995). Junto a las películas para todas las edades, se produce cine de violencia, erótico, policíaco y de terror, intentando sacar ventaja al conservadurismo de la oferta televisiva.

Las propuestas de más calidad de los años anteriores se orientan sólo a sectores intelectuales, universitarios y a las salas especiales. Así continúan las tendencias alternativas de producción independiente, con puntos de vista no ortodoxos y estilos no convencionales. Pero tienen una distribución muy restringida, la mayoría restringidas a Festivales o ciclos, y sólo algunas llegan a un poco más al público, como los trabajos del grupo Dogma 95.

La irrupción del vídeo

Por la demanda de las cadenas estadounidenses de televisión (la necesidad de grabar noticias que ocurrían en una costa y transmitirlas en el horario de los noticiarios de la otra), surgió el magnetoscopio (1). Hasta ese momento las noticias en directo se grababan en 35 o 16mm desde la pantalla de un televisor, el llamado telecine. El primer modelo profesional fue fabricado por Ampex en 1956 y cambió totalmente el funcionamiento de la televisión. Tras numerosos intentos de llevar sistemas de grabación al mundo de la educación, en 1976-77 las empresas japonesas Sony (Betacam) y Matsushita (VHS) presentan dos sistemas -incompatibles entre sí- para lo que acabará llamándose vídeo doméstico.

La implantación del vídeo, tanto para grabar como para reproducir películas revolucionará la estructura de la distribución y, a medio plazo, la de la producción. Las películas se convierten en un objeto de consumo doméstico, como el libro o el disco. A finales de los ochenta los ingresos del vídeo y las televisiones superan claramente al de las salas, especialmente para las majors americanas. El consumo mundial de películas a través de las televisiones y los reproductores domésticos dispara la cuota del cine americano y ello no es debido sólo al control de los canales de distribución sino a la competencia entre los canales privados de televisión fruto de la liberalización impulsada por los gobiernos europeos a instancias de la Unión Europea (en España se pasa en 1990 de dos canales públicos a un sistema con tres cadenas privadas y varias autonómicas).

El vídeo (y posteriormente el DVD) (2) crea nuevos modos de acercamiento al cine. El espectador de finales del siglo XX tiene acceso a través del alquiler en video-clubs o la compra al visionado y coleccionismo de películas actuales o clásicas, empiezan a proliferar las promociones en los quioscos y puede grabarlas desde el televisor sin estar presente. Pero además cambia su actitud, que deja de ser pasiva, ya que puede realizar un visionado fragmentado y con pausas, puede repetir y omitir secuencias, congelar la imagen, etc… Se pierde la magia de la gran pantalla en la sala oscura a cambio de una accesibilidad que los ordenadores domésticos y los nuevos sistemas digitales acabarán de apuntillar una década más tarde.

La cultura cambia y se hace menos crítica, pero también hay más oportunidades para un cine de vanguardia o independiente; incluso, las tecnologías digitales van a hacer posible producir películas muy baratas. Además, la utilización de las tecnologías digitales (en teléfonos, cámaras, ordenadores, internet, GPS…) da origen al expanded cinema -según la expresión acuñada por Gene Youngblood- ,(3)un cine fuera de las salas, con vídeos, películas, entornos interactivos ( en los que el espectador puede ser cámara, editor o protagonista) y aplicaciones on line.