Los últimos siete años han sido los más cálidos de los que se tiene evidencia registrada. Mientras las temperaturas aumentan, la niñez se expone cada vez más a riesgos climáticos intensos y destructivos, como la contaminación del aire, la escasez de agua, las olas de calor, las enfermedades transmitidas por vectores, los ciclones y las inundaciones fluviales y costeras.

Unicef estima que en los últimos 30 años más de 63 millones de niños y niñas en la región de América Latina y el Caribe han sido afectados por un evento meteorológico extremo o un desastre relacionado con el clima. En promedio, cada episodio extremo durante este período afectó a más de 38.000 niños y niñas.

Hemos sido testigo de muchos debates sobre el cambio climático. Sin embargo, esta conversación ha dejado fuera un aspecto clave para la solución de este problema: la educación de la generación más joven, quienes además sufrirán las peores consecuencias de esta crisis.

Los menores de edad tienen derecho a la participación y a opinar sobre los problemas que les afecta, como es la crisis climática. Su idea e incidencia sobre su entorno desempeñan un papel fundamental para mitigar los riesgos asociados al cambio climático, sin embargo, no cuentan con instancias de formación que los preparen adecuadamente sobre el tema.