A pesar de que Priscilla Beaulieu se mudó a vivir con Elvis Presley en 1962, tras conocerse unos años antes mientras él servía en el ejército estadounidense, no sabía cuán impactante era ver al Rey en vivo. Desde comienzos de los sesenta, él se había dedicado por completo a su carrera en el cine, dejando de lado los años en que sacudía las caderas para el éxtasis de la audiencia. Solo hacia el final de la década, cuando Presley volvió a presentarse a lo grande, recién allí pudo calibrar el calado de la leyenda.

“Lo creas o no, la primera vez que lo vi actuar con una gran audiencia fue en su primer show en Las Vegas”, cuenta vía teléfono a Culto. Fue el 31 de julio de 1969, once días después de la llegada del hombre a la luna, en el Hotel Internacional. Un evento que marcó el comienzo de una seguidilla de 57 shows en el mismo lugar, en que Presley se animó a cantar varias de las canciones de su primera época (Hound dogLove me tender, entre otras), acompañado de una banda de músicos muy competentes (como el guitarrista James Burton, a quien Elvis le cantó el cumpleaños feliz en escena), una gran orquesta y no uno, sino dos grupos vocales femeninos (Sweet Inspirations y The Imperials).

Años después, el álbum Live 1969 reunió las grabaciones de ese hito, en que Elvis demostró su capacidad para desplegarse en terrenos como el rock, el r&b, el country, el soul, y hasta un particular medley en que reunió a Yesterday y Hey Jude, de The Beatles.

Tras años en el mundo del cine, Elvis Presley regresó a los shows en vivo en el Hotel Internacional de Las Vegas, en julio de 1969. Esa fue la primera vez en que su entonces esposa, Priscilla, pudo verlo en vivo.

A sus 77 años, esa noche de gloria aún emociona a Priscilla. “Nunca lo había visto actuar, debes recordar que cuando lo conocí, básicamente él estaba en el negocio del cine y no aparecía desde el ‘61 en un escenario. Así que cuando lo vi actuar en Las Vegas, dije, ‘oh, guau, de esto se trata’”.

La mujer que se casó con Elvis en 1967, para divorciarse tras un lustro con una hija de por medio, hoy es la mayor guardiana de su legado. Por ello estará en Chile como anfitriona del show Elvis Sinfónico, que se presentará el próximo 28 de septiembre en el Teatro Caupolicán. Este presenta al Rey en pantalla cantando sus éxitos con el acompañamiento en vivo de una orquesta, aprovechando las versiones trabajadas para los discos póstumos If I Can Dream y The Wonder of You. “Estoy muy emocionada de venir a Chile, así que espero que todo salga bien y que a todos les encante el espectáculo”, dice.

La ocasión permite apreciar el repertorio y la capacidad interpretativa de Elvis en toda su extensión; desde los temas rockeros de sus primeros años, a las baladas con que descollaba en los días de los casinos y las lentejuelas. “Ese era todo su repertorio, tenía rock and roll, pero él amaba las baladas -recuerda Priscilla- Le pregunté una vez por qué le gustaban tanto las baladas y me dijo que era porque todos tenemos emociones, todos tenemos una vida para pasar por ciertas cosas. Todos estamos conectados de esa manera, por lo que todos podemos escuchar y experimentar eso. Por eso tenía una conexión con su público porque sentía que él les decía cosas reales”.

Priscilla confirma lo que se ha contado por años; pese a su espectacular puesta en escena y sus afamados trajes, Elvis era más bien taciturno y reservado en la previa a los shows. Acaso guardando la concentración para el momento decisivo. “No le gustaba estar rodeado de gente -cuenta-. Quería estar solo en su camerino la mayor parte del tiempo. Por supuesto, un par de los muchachos podrían estar allí, pero sabían que debían guardar silencio y dejarlo pasar antes de subir al escenario. Quería estar en su propio mundo, sin hablar, y así poder prepararse en silencio. Alguien le preguntó si alguna vez se ponía nervioso antes de ir a un espectáculo y él dijo: ‘Absolutamente, soy un ser humano. Me pongo nervioso como todos los demás. Nunca se sabe con una audiencia. Nunca sabes. Tienes que agarrarlos, tienes que traerlos a tu mundo’. Así que le gustaba estar muy callado”.

Elvis Presley era un hombre que hablaba solo lo necesario. Incluso al momento de elegir las canciones que iba a interpretar, porque era particularmente selectivo. “Sus editores le enviaban cajas de canciones -recuerda Priscilla-. Porque si tenía que hacer una sesión de grabación, escuchaba las canciones y luego elegía las que le gustaban”. Pero con los años de convivencia, ella misma se animó a mostrarle material. Fue lo que ocurrió con An American Trilogy, un popurrí de viejas canciones estadounidenses del siglo XIX, que el Rey solía interpretar hacia el final de sus shows como para marcar un momento épico.

“Estaba conduciendo por Sunset Boulevard en Los Ángeles -recuerda-. Escuché la canción y dije, ‘oh, Dios mío, tengo que ir a buscar esta canción ahora mismo’. Fui a la tienda de discos, lo compré, se lo pasé a Elvis y le encantó. Inmediatamente me dijo, ‘oye ¿de dónde sacaste esto?’”.

El Rey en la pantalla

La leyenda de Elvis Presley tiene su actualización en la biopic de Baz Luhrmann, que ha sido éxito de taquilla en todo el mundo, consiguiendo la no despreciable marca de desbancar a Top Gun:Maverick en su primer fin de semana en exhibición en los Estados Unidos. La película, todavía en cartelera en algunas salas chilenas, fue vista por Priscilla en una función privada organizada por el director en los estudios Warner, a la que asistió junto a Jerry Schilling, uno de los integrantes del círculo cercano del cantante; la afamada “mafia de Memphis”, que integraban amigos, colaboradores, primos y otros pillastres de turno.

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