Sting, mucho antes de adquirir aquel mote por un suéter de líneas amarillas y negras, era un niño británico que guardaba para sí el sueño de convertirse en una estrella. Con el tiempo, prefirió una vida sencilla como profesor dejando la música en un plano secundario… hasta que la vida lo llevó a cumplir su verdadero llamado.

Un astillero y la metáfora de un barco

Gordon Matthew Sumner nació el dos de octubre de 1951 en el poblado de Wallsend, en Newcastle, Inglaterra, en el seno de una familia humilde. Su padre, quien trabajó como lechero, y su madre, quien se dedicaba al oficio de la peluquería, buscaban sacar adelante a sus cuatro hijos de una manera ordinaria.

Pero en Gordon no había nada ordinario. De acuerdo con el documental del canal televisión VH1, Sting: Behind the Music, durante la infancia, la futura estrella ingresó a una escuela privada para recibir una educación privilegiada, aunque a la par desarrolló actividades simples como ayudar a su papá a repartir leche. Desde un inicio destacó por sus aptitudes musicales, aunque eso no era del todo bien visto en casa.

“Esta fantasía sobre ser un compositor, un cantante, sabía que tenía que irme para lograr ese sueño. Y creo que el símbolo para irme fueron estos grandes barcos que construían cada año. Los construían ahí y después se iban, aunque a veces regresaban”, narró el cantante y bajista.

Sting creció muy cerca de un astillero naval y, durante toda su carrera, la clase obrera que ahí trabajó lo ha inspirado de muchas maneras. Primero, los buques se convirtieron en una metáfora para emprender un viaje propio en la vida. Aunque la atarazana también se convirtió en razón de susto: él no quería pasar el resto de sus días en un lugar como ese.

En 1971, con 20 años de edad, Gordon comenzó su preparación para convertirse en profesor. Profesión que escogió sabiendo que tendría la oportunidad de dedicarse parcialmente a la música. Incluso, durante esos años tuvo contacto con género musical que definió su trayectoria: el jazz.

A través de un amigo, Gordon se convirtió en parte de la banda The Phoenix Jazzmen. Agrupación que tenía la particular tradición de poner un apodo a sus integrantes. Fue aquí en donde nació verdaderamente “Sting”, pues un día se presentó vestido con un suéter de líneas negras y amarillas. La figura era obvia: lo bautizaron en honor al “aguijón” de la abeja.

A la par, Sting se convirtió en profesor de educación básica: “Era bueno enseñando cosas que me gustaban. Sobre todo música. Me gustaba enseñarles a cantar o incluso a componer sus canciones en clase”, recordó en el documental citado.

The Police y Londres: la bandera del “punk”

En Newcasttle, Sting tuvo destinos proyectos musicales. Todos ellos muy apegados al jazz, que había sido su género predilecto. La música, según contó él mismo en su biografía Broken Music, siempre había sido su refugio, incluso en los momentos difíciles que vivió en la infancia debido a una infidelidad en el matrimonio de sus padres.

En uno de los conciertos que tuvo en 1974, Sting conoció a su primera esposa, Frances Tomelty, con quien contrajo matrimonio dos años después y con quien procreó su primer hijo. Por iniciativa de ella, la familia se mudó a la ciudad de Londres, en donde el movimiento punk de finales de los años 70 estaba despuntando y la escena artística estaba por despegar.

Así, Sting se encontraba sin un quinto, con su nueva esposa y con un bebé recién nacido en la urbe inglesa. Durante esos años, se hizo cercano a Steward Copeland, quien tocaba la batería en la banda Curved air y a quien había conocido en su ciudad natal por casualidad.

“Dejé mi hogar en Newscattle con mi esposa y con mi nuevo bebé. Sin dinero ni proyectos, sin contactos ni números telefónicos. En realidad, sólo tenía el número de Copeland”, recordó el músico. Al fin, el barco había zarpado, aunque no todo pintaba de color de rosa.

Por su parte, Copeland recuerda que cuando puso el ojo en Sting, pensó que él era el boleto ganador. Sting se unió al proyecto musical de Copeland, cuyo nombre se transformó en “The Police”. Pronto, a la fórmula se unió el guitarrista Henry Padovani, quien fue sustituido por “diferencias de estilo” por Andy Summers.

La fusión jazz que también conocía Sting y el reggae construyeron pronto un ADN para el sonido de la banda. Sin embargo, con el fervor del movimiento punk, el trío se vio obligado a enarbolar aquella bandera. Años después, fue el propio Summers quien criticó este hecho, considerando que se hacían pasar por una “banda de punk falsa”, según dijo en el documental Can´t Stand Losing You: Surviving the Police.

Eso no detuvo el éxito de la banda. Sting se tiñó el cabello de platino y adoptaron una actitud desenfadada. Pronto llegó Roxanne, uno de los sencillos más famosos de la banda, que fue resultado del trabajo de Sting en la composición y de Stewart Copeland con inspiración en un paseo que dieron por una avenida donde habitualmente habían trabajadoras sexuales.

La canción formó parte del primer álbum de The Police, lanzado en 1978 y titulado Outlandos d’Amour, en donde también se incluyeron canciones como So lonely y Can´t Stand Losing You. Aunque costó trabajo despegar, en la próxima década el éxito de la banda fue exorbitante. Las ventas de los discos fueron buenas y el furor pronto se extendió hasta los Estados Unidos.

A aquel álbum debut le siguieron otras cuatro producciones discográficas. El último de ellos, Synchronicity, significó el mayor éxito para la banda. En él la famosa canción Every breath you take, una balada que muchas veces ha sido malinterpretada como romántica, hizo aún más sólida la fama de la agrupación. Aunque, después de su estreno, la banda no duró mucho más junta y pronto se separaron.

La despedida y un buque solitario

El último concierto de la agrupación -hasta antes de su reencuentro 20 años después- fue el cuatro de marzo de 1984 en Melbourne, Australia. No colgaron un aviso, no hubo un comunicado oficial. Sólo dejaron de tocar juntos y Sting pronto emprendió una carrera en solitario.

De acuerdo con lo dicho por sus integrantes, la razón principal razón habría sido una pelea de egos. El bajista y cantante simplemente lo había acaparado todo. Incluso, él mismo admitiría años después, se convirtió en un “monstruo total” por el uso de narcóticos.

“La cocaína es la doga más patética y estúpida. Había puñetazos prácticamente cada noche. Incluso tuve una fisura en una costilla después de una pelea bastante agitada con Stewart”, contó a principios de los 90 en entrevista con la revista Q. Admitió que se convirtió en un “monstruo total, competitivo, arrogante y agresivo”.

En solitario, Sting logró redimirse. Aunque le costó su primer matrimonio, el pequeño niño inglés había crecido para convertirse en una verdadera estrella que no sólo despuntó después de la separación de The Police, sino que logró replicar el éxito y extenderlo a otras áreas, como el teatro.

Con el trabajo de su vida, se estima que Sting amasó una fortuna de alrededor 300 millones de dólares. Misma que, según expresó al Daily Mail, no dejará a ninguno los cuatro hijos que aún le sobreviven: “No quiero dejarles una fortuna. Tienen que trabajar. Obviamente les prestaría ayuda si me la pidieran, pero ellos tienen la ética laboral que los impulsa a ser exitosos por sus propios méritos”, contó, en un esfuerzo por dar una lección de humildad a sus hijos. Después de todo, él no es más que el hijo del lechero que dio el salto a la fama mundial gracias a su talento y esfuerzo.

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