Ni las horas de prótesis, ni las maratónicas sesiones de promoción, ni su presencia constante en la prensa rosa del continente ni las grabaciones bajo estrictos protocolos Covid. Para Diego Boneta (30), el actor mexicano que en los últimos cuatro años se alzó como estrella iberoamericana caracterizando, cantando, viviendo y respirando como Luis Miguel, lo más difícil y desafiante en su carrera es lo que viene ahora: intentar desprenderse del personaje que lo lanzó a la fama y dejar de ser la réplica del cantante latino más exitoso de las últimas décadas para volver a ser él mismo. Al menos por un tiempo.

“Ahora toca volver a Diego, reconectarme conmigo mismo, soltar el personaje y volver a mí, que va a ser un proceso que tomará tiempo. Los próximos dos meses los dejé abiertos precisamente para eso, porque creo que es muy sano y necesario poder volver a mí, porque muchas veces no te das cuenta lo profundo a lo que llegas”, reconoce el actor a Culto a través de una videollamada.

El desprendimiento no será tan fácil para Boneta: el domingo Netflix estrenó los dos primeros capítulos de la segunda temporada de Luis Miguel, la serie, en medio de un despliegue promocional y mediático que da pistas de lo prioritaria que se ha vuelto la producción para la compañía y de sus altas expectativas en torno al estreno. Y aunque todavía está por verse si los nuevos episodios repetirán el fenómeno de 2018, el arranque del nuevo ciclo es promisorio. Con un tono más oscuro, un ritmo digno de un thriller de Michael Mann y un protagonista ya derechamente convertido en antihéroe, la trama, dividida entre 1992 y 2005, muestra la cara menos simpática del artista. Del playboy hedonista y la estrella envidiosa de sus pares al padre ausente y el hermano mayor fallido.

El actor mexicano vuelve a interpretar a Luis Miguel en una segunda temporada grabada en medio de la pandemia.

“A mí me encanta que sea una temporada más oscura, más compleja, que tenga más tonos y más capas”, dice con genuino entusiasmo el protagonista, que debutó en la televisión mexicana a los 12 años cantando precisamente uno de los éxitos de infancia de Luis Miguel, La chica del bikini azul, en un programa de talentos en el que sólo quedó en el quinto lugar. Un traspié que no detuvo al artista, quien poco después obtuvo un papel en la taquillera teleserie Rebelde, de Televisa, lo que sumado a un primer disco editado por el sello EMI -y firmado con su verdadero nombre, Diego González Boneta- le valió los primeros fans en su país, Argentina y Chile.

Tras radicarse en Estados Unidos y conseguir roles esporádicos en series como Pretty little liars y Jane the virgin, el actor dio el gran golpe al ser fichado en 2017 para la primera serie biográfica de Luis Miguel, de la que además de protagonista es uno de sus productores. “Este proyecto me pega y es demandante por todos los ángulos”, comenta. “A nivel actoral, porque en esta segunda temporada fue como crear a dos personajes distintos, con todo lo que conllevó la transformación y los prostéticos, que fue una locura. Y también el lado vocal, otra vez cantar estas canciones en los tonos originales y de muchos géneros distintos, a diferencia de la primera temporada. Todo eso lo que hace que sea un proyecto muy desafiante, que me chupó todo mi ser, toda mi energía en estos últimos cuatro años y medio”.

Pese a estas exigencias, a la presión de dar con el tono de un personaje conocido en todo el mundo y a un segundo ciclo que debió postergar sus grabaciones y modificar su guión producto de la pandemia, Boneta se las ha arreglado para cumplir las expectativas y más de una fantasía de los seguidores del cantante, rejuveneciéndolo en pantalla, llenando los vacíos de su hasta hace poco impenetrable biografía, multiplicándose en entrevistas y en redes sociales -a diferencia del hermético solista- e incluso reimpulsando la hasta hace poco alicaída carrera del intérprete de La incondicional, que vive un segundo aire en gran medida gracias a la notable performance del actor así como a los matices y explicaciones que entrega el guión. Para millones de telespectadores, sobre todo los más jóvenes, Boneta es Luis Miguel, o al menos una versión más cercana y comprensible del ídolo.

Después de dos temporadas metido de lleno en la historia y hasta en la psiquis del personaje, ¿sueña con Luis Miguel? ¿Ha despertado medio confundido?

Sí, me pasa todo el tiempo que sueño como Luis Miguel, o como el personaje, en el set, en escenas. Sí, porque te digo, yo estaba metido en cuerpo y alma en esto, y cuando eso pasa tu subconsciente o inconsciente ya no sabe qué es qué. Ahora que acabamos después de cuatro años y medio yo siento que acabamos de filmar El señor de los anillos, de verdad, toda una saga.

Si para el público a veces puede ser complejo seguir las dos líneas de tiempo que propone la serie, como protagonista debe ser especialmente difícil estar un día grabando como el Luis Miguel de los 90 y al otro en el de los 2000.

O cuando el mismo día te toca uno del 90 y otro del 2000. Sí, fue un trabajo de mucha preparación, súper intensa, con el maestro Juan Carlos Corazza, para poder crear a los dos personajes y las diferencias entre ambos, para estudiar las dos líneas de tiempo muy bien, los gestos, la voz y el cuerpo, ciertos tics que tenía el personaje en una época y los que tenía en otra. Y también ver cómo a lo largo de una temporada el joven se va convirtiendo en el adulto. Entonces, sí, nunca me había tocado tener que hacer un trabajo actoral así.

Hace tres años, luego de que cantara Culpable o no en un episodio de la serie, Spotify anunció que las reproducciones de la canción se dispararon en un 4.000%. ¿Cómo lidia con este cruce constante entre realidad y ficción, con la idea de que su actuación tiene un impacto concreto en la vida de Luis Miguel y viceversa?

Eso es parte de lo que vuelve tan difícil esto, ¿no? Que es alguien vivo y de la que hay muchísimas referencias, por lo que tuve que ser lo más cercano posible a eso, por lo fácil que es poder verificar esto. Yo creo que fue el reto más difícil. Y luego, en su lado personal, donde no hay referencias, tener que crear desde la imaginación y también desde cosas que él mismo compartió: cómo es el Luis Miguel tras bambalinas, cómo es como papá, como hermano, como amante. Ya después de tanto tiempo metido en esto te puedo decir con certeza que no hay nadie que conozca al personaje de Luis Miguel mejor que yo, por todo lo que me tocó estudiar. Y estudiar a un detalle muy grande, porque la gracia es que fueran puntadas finas, cosas sutiles, no pinceladas grandes.

¿Volvió a juntarse con Luis Miguel antes de grabar estos nuevos capítulos?

Nos juntamos una vez entre la primera y la segunda temporada, pero esta vez era más importante que los escritores platicaran con él, porque la primera temporada estuvo basada en un libro, la segunda no. Entonces nuestro libro para esta nueva temporada se hizo en base a muchas conversaciones que los escritores tuvieron con Luis Miguel y otras personas clave en esas épocas de él, para así poder tener toda la información y ahí ver cómo lo repartíamos y cómo lo abordábamos.

Sin ánimo de entrar en spoilers, el Festival de Viña tiene un lugar destacado en estos primeros capítulos de la serie. ¿Su propia relación con Chile y el Festival sirvieron para preparar esas escenas?

Totalmente. Yo en lo personal le tengo un cariño muy especial a Chile, a mí me encanta. He ido al Desierto de Atacama, a Santiago varias veces, es un país increíble con comida fuera de serie, vinos espectaculares, pero sobre todo el cariño que siempre hemos recibido, que fue por eso que quisimos darle un homenaje incluyendo a Chile en el tercer capítulo.

A propósito, ¿conoce a Stefan Kramer? Tiene una imitación bastante lograda de Luis Miguel.

No, perdóname, pero ahorita puedo verlo. Lo que sí te puedo decir es que esto no es un trabajo de imitación, esto es un trabajo de convertirte en el personaje, no sé si me entiendes. Hay una diferencia ahí. Los imitadores tienen lo suyo, ¿sabes? Pero son cosas totalmente diferentes. Yo tenía que convertirme en el personaje, poder ponerme en sus zapatos, literalmente, para estas escenas y estos momentos tan difíciles por los que el personaje pasa, sin que se vuelva algo caricaturesco, todo lo opuesto. Tiene que venir desde un mundo de verdad, desde un mundo que te exige meterse psicológicamente en cada situación.

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