El 13 de agosto de 2019, hace poco más de un año, Plácido Domingo era una figura universal y unánimemente admirada. Han pasado 365 días, y el ídolo indiscutible ha pasado a ser un hombre señalado, al que se ha expulsado del olimpo operístico -en Estados Unidos básicamente, pero también en varios lugares de Europa-, al que se ha repudiado incluso en su propio país -donde se ha llegado a pedir que desaparezca la placa que recuerda el lugar exacto en que nació en Madrid-, y al que muchos han marcado con la señal de acosador.

Todo comenzó con la publicación de un reportaje de la agencia Associated Press firmado por Jocelyn Gecker en la que nueve mujeres -ocho de ellas de manera anónima- acusaban al cantante madrileño de acoso sexual. Domingo respondía con un desafortunado comunicado en el que defendía su inocencia pero concluía con una ambigua y equívoca coletilla: «Reconozco que las reglas y valores por los que hoy nos medimos, y debemos medirnos, son muy distintos de cómo eran en el pasado». Las reacciones fueron inmediatas. La Ópera de San Francisco y la Orquesta de Filadelfia cancelaron las actuaciones previstas del tenor, y la Ópera de Los Ángeles, de la que Domingo era su director general, abrió una investigación interna. Tres semanas después, un nuevo reportaje de la misma autora y la misma agencia revelaba once acusaciones más; como la vez anterior, tan solo una cantante accedía a dar su nombre.

Para entonces ya eran varios los colegas -tanto mujeres como hombres- que habían alzado su voz para defender la caballerosidad y la manera de actuar de Plácido Domingo. La actitud de los teatros en Estados Unidos y en Europa fue radicalmente diferente. En el Viejo Continente se mantenían sus actuaciones -su reaparición se produjo el 25 de agosto en el Festival de Salzburgo– mientras que al otro lado del océano se sucedían las cancelaciones y, además, American Guild of Music Artists, el sindicato que representa a cantantes y personal de los teatros de ópera, anunció la apertura de una investigación interna (después de solicitar a todos los músicos del sindicato que señalaran, incluso de forma anónima, eventuales conductas inapropiadas del tenor). El momento probablemente más doloroso para el tenor se produjo el 24 de septiembre cuando, después del ensayo general de «Macbeth» en el Metropolitan Opera House de Nueva York, Domingo acordaba con la dirección del coliseo su retirada de la producción; el mal ambiente que provocó su presencia le llevaron a renunciar a volver a cantar en uno de los teatros más significativos en su carrera, y en el que había actuado de manera continuada durante más de medio siglo. Apenas unos días más tarde dimitía de su cargo de director general de la Ópera de Los Ángeles y ponía fin a su carrera en Estados Unidos, donde se le estaban cerrando todas las puertas -al contrario que en Europa-.

A finales de febrero, la agencia Associated Press publicaba un comunicado de disculpas del tenor, doce horas antes del resultado oficial de la investigación realizada por el sindicato AGMA. En él el cantante pedía perdón a las mujeres que le acusaron de acoso sexual por «el dolor» que les causó y aceptaba «toda la responsabilidad» por las acciones denunciadas en los últimos meses. También mostraba su respeto por sus compañeras de profesión, que en agosto de 2019 «se sintieron lo suficientemente cómodas para hablar» de lo ocurrido.

Este comunicado anuló la presunción de inocencia de Plácido Domingo, pues fue interpretado como un mea culpa, a pesar de la aclaración que hizo el mismo tenor dos días más tarde y que muchos medios no tuvieron en cuenta. La agencia Associated Press, basándose supuestamente en las conclusiones de la investigación de AGMA, llegó a acusarlo de «abuso de poder». Este término no aparecía, sin embargo, en las conclusiones oficiales de las pesquisas, que sí aseguraban que Plácido Domingo había «participado en actos inapropiados dentro y fuera del lugar de trabajo»; las mismas palabras que se leen en la investigación de la Ópera de Los Angeles.

El citado comunicado, erróneamente interpretado por algunos medios como un mea culpa de Domingo, motivó la cancelación de las actuaciones que éste tenía previstas para el mes de mayo en España. El tenor renunció a cantar en el Teatro Real cinco minutos antes de que la Comisión Ejecutiva de su Patronato decidiera cancelar su participación en «La traviata» y el ministerio de Cultura le borró del cartel de «Luisa Fernanda»en la Zarzuela; esta decisión fue especialmente dolorosa para Domingo, porque con estas funciones tenía previsto celebrar los cincuenta años de su debut en España. El Palau de les Arts de Valencia, por su parte, suprimió el nombre de Plácido Domingo de su Centro de Perfeccionamiento.

Y como a perro flaco todo son pulgas, a finales de marzo Plácido Domingo tuvo que ser hospitalizado en Acapulco por haberse contagiado de coronavirus. Tras su recuperación, el tenor reaparecía la pasada semana, visiblemente más delgado, en Salzburgo, donde recibió el premio Austríaco de Teatro Musical 2020. Con este motivo, Domingo concedió una entrevista a la agencia Efe en la que, entre otras cosas, lamentó que el ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, decidiera cancelar sus actuaciones en la Zarzuela sin ni siquiera concederle la posibilidad de aclarar la situación.

A pesar de todo, Plácido Domingo no para su actividad. Para las próximas semanas tiene previstos conciertos en Caserta y Verona, y en septiembre cantará «Simon Boccanegra» en la Ópera de Viena.

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