“No quiero ser recordado. Yo sé que va a ser inevitable, por eso le he contado a algunos familiares muchas cosas que van a tener que aclarar cuando yo no esté. Pero no quiero ser recordado. Ya no voy a estar. Punto”.

La frase la dijo a La Tercera el propio Humberto Baeza Fernández, “el Temucano”, en 2016. Tal vez en ese momento sus palabras eran difíciles de comprender, pero cobraron otro sentido una vez que se conoció la investigación en su contra por abusos sexuales y violación, dos años después de la publicación de esta entrevista.

Una serie de acusaciones contra Tito Fernández -su nombre artístico- que La Tercera hizo públicas en septiembre de 2018, a partir de una querella presentada en contra del músico patrocinada por el Servicio Nacional de la Mujer. Según esa acusación, el reconocido folclorista lideraba una suerte de logia esotérica conocida como Centro Integral de Estudios Metafísicos (CIEM), la que habría utilizado para abusar de mujeres y forzarlas a realizar favores sexuales durante la última década.

La causa derivó en la formalización del cantautor de 77 años, a quien ayer la fiscalía le imputó tres cargos de abuso sexual en carácter de reiterado, además de tres delitos de violación propia, los que habrían ocurrido entre 2010 y 2016. El Séptimo Juzgado de Garantía de Santiago acogió la solicitud del Ministerio Público y decretó la medida cautelar de prisión preventiva contra Baeza. Esto, en paralelo al plazo de 90 días que otorgó el tribunal para el desarrollo de la investigación.

Lo de hoy suma un nuevo capítulo al complejo y polémico presente de una de las voces más reconocidas de la música popular chilena, protagonista a su vez de una de las carreras más singulares que ha seguido un cantautor nacional en las últimas décadas. De hecho, fue uno de los pocos artistas vinculados a la Nueva Canción Chilena que pudo seguir viviendo en el país y sostener una carrera musical durante la dictadura, pese a haber sido arrestado y retenido durante varios días en una base de la Fuerza Aérea en 1973.

Y aunque creó canciones que cruzaron el ámbito del folclor para convertirse en verdaderos clásicos del cancionero local, como Me gusta el vino y La casa nueva, él mismo siempre se encargó de aclarar que no se consideraba un gran compositor. Incluso llegó a afirmar que lo suyo “no era una carrera. Lo mío es un destino”, según aclaró hace cuatro años.

Si bien por esos mismos días el músico habría cometido el último delito de carácter sexual conocido por el que hoy está imputado, su carrera -o su “destino”, en sus palabras- nunca se ha detenido del todo. Tampoco su consistente discografía: sólo en la última década ha publicado cerca de cinco álbumes, como Cantos de amor y compromiso (2013), Taba cayendo la tarde (2013) y Décimas por mis raíces (2018). Los dos últimos, editados por Manimal Records, sello discográfico chileno de artistas como René Inostroza y Los Charros de Lumaco.

La presencia en vivo de El Temucano sí decayó una vez conocida la investigación judicial en su contra, pero no se extinguió de todo. Pese a que él mismo reconoció que perdió trabajos y se cayeron fechas a causa de la querella en su contra, en septiembre del año pasado el solista reapareció en los escenarios en un evento de Fiestas Patrias realizado en el Teatro Caupolicán, acompañado por sus colegas Pedro Messone y Jorge Yáñez. Fue la última aparición estelar de Baeza, antes que el estallido social y la pandemia terminaran con los espectáculos en vivo para todo su gremio.

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